domingo, 18 de diciembre de 2011
Salmo 19
"¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! Libra, además, a tu siervo de pecar a sabiendas; no permitas que tales pecados me dominen. Así estaré libre de culpa y de multiplicar mis pecados."
Salmo 19.12-13
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Desobediencia e incredulidad
Muchas veces nos encontramos con personas que nos expresan: "Quiero creer pero no puedo, lo he intentado de mil formas pero no puedo". Estos comentarios nos pueden llevar a pensar mal de Dios de la siguiente manera: "Es un buscador sincero, se esfuerza por hallar a Dios, pero Dios no le atiende". ¿Es esto lo que enseña la Escritura? ¿Pensaremos acaso que Cristo echa fuera a los que a Él van?Para poder entender lo que sucede leemos en Juan 3.19-20 lo siguiente:
"Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios." (LBLA)
Aquí no leemos "algunos aman la luz pero no pueden ir a ella" sino que expresa que existen sólo dos tipos de personas, aquellos que aman la luz y aquellos que la odian. El primero practica la verdad, el segundo hace lo malo. El primero va a la luz, el segundo no. ¿Qué es lo que impide al hombre ir a Cristo sino su propia necedad y rebeldía contra Dios? En su gran ceguera estas personas exclaman "yo quiero creer, pero no puedo" implícitamente nos dicen "yo no soy el problema, Dios es el problema de que yo no crea". Pero la Palabra de Dios es clara: "no vienen a la luz para que sus acciones no sean expuestas". El problema entonces no es de Dios sino del hombre y su pecado.
No podemos pensar que no tenemos nada que decirles a estos hombres cuando exclaman su "discapacidad", el mandato de Dios es claro sobre todos los hombres: arrepentimiento y fe en su Hijo Jesucristo.
Bonhoeffer en su libro "El precio de la gracia" refiriéndose a los pastores trata con este tema:
"Debe saber que, cuando alguno se queja de falta de fe, esto proviene siempre de una desobediencia consciente o ya inconsciente."
Nos explica que es muy fácil en este tipo de situaciones proveer un consuelo barato para estas personas afligidas (lo que en su libro desarrolla como "gracia barata") y manifiesta lo siguiente respecto a esta práctica pastoral común:
Con esto, la desobediencia queda intacta y la palabra de gracia se transforma en un consuelo que el desobediente se dirige a sí mismo, y en un perdón de los pecados que él mismo se concede. Con esto la predicación se le vuelve vacía de sentido, no la escucha y aunque se perdone mil veces sus pecados, no conseguirá creer en el verdadero perdón, precisamente porque este perdón no le ha sido concedido en realidad. La incredulidad se alimenta de la gracia barata porque desea perseverar en la desobediencia. Llevará a que el hombre se endurezca en su desobediencia por medio del perdón de los pecados que se otorga a sí mismo, llevará a que pretenda no poder discernir lo que es bueno, lo que es mandamiento de Dios, afirmando que son cosas equívocas y susceptibles de numerosas interpretaciones. Lo que al principio era todavía un conocimiento claro de la desobediencia se oscurece cada vez más, se transforma en endurecimiento. El desobediente se ha enredado a sí mismo de tal forma que ya no puede escuchar la palabra. De hecho, ya no se puede creer. Entonces, entre el que se ha endurecido y el director espiritual se desarrollará, más o menos, el siguiente diálogo:
-¡Ya no puedo creer!
-Escucha la palabra; te la predican.
-La escucho, sin embargo no me dice nada, me resulta vacía, me resbala.
-Porque no quieres escucharla.
-Sí, quiero.
La mayoría de las veces, al llegar a este punto se interrumpe el diálogo, porque el director no sabe ya dónde se encuentra. Únicamente conoce una frase: "Sólo el creyente es obediente". Y con ella no puede ayudar al que se ha endurecido, al que no tiene esta fe ni puede tenerla. El director piensa entonces que se halla aquí ante un último enigma, según el cual Dios da a uno la fe que niega a otro. Con esta frase capitula. El que se ha endurecido queda solo y, resignado, continúa lamentándose de su miseria.
¿Qué se puede hacer en estas situaciones? Bonhoeffer culmina su comentario y recomienda:
Pero es precisamente aquí donde hay que dar un giro a la conversación, un giro total. No se seguirá discutiendo; no se tomarán en serio los problemas y miserias del otro, a fin de poder centrarnos en su misma persona, que desea ocultarse detrás de sus preocupaciones. Ahora, con la frase «sólo el obediente cree», vamos a irrumpir en la fortaleza que se ha construido. El director corta el diálogo para proseguir con la frase siguiente: «Eres desobediente, te niegas a obedecer a Cristo, quieres conservar para ti una parte de soberanía personal. No puedes escuchar a Cristo porque eres desobediente, no puedes creer en la gracia porque no quieres obedecer. Te cierras a la llamada de Cristo en un lugar cualquiera de tu corazón. Tu miseria es tu pecado». Cristo mismo entra de nuevo en escena, ataca al demonio en el otro, al demonio que hasta ahora se había mantenido oculto al abrigo de la gracia barata. Ahora todo depende de que el director espiritual tenga a su disposición estas dos frases: «Sólo el obediente cree» y «sólo el creyente obedece». En nombre de Jesús debe llamar a la obediencia, a la acción, al primer paso. Deja lo que te retiene, y síguele. En este momento, todo depende de este paso. Hay que destruir la posición en la que el desobediente se ha instalado; porque en ella no se puede escuchar a Cristo. El refugiado debe salir del escondite que se ha construido. Sólo cuando esté fuera podrá volver a ver, a escuchar y a creer libremente. Es verdad que, ante Cristo, nada se ha ganado con la realización de la obra; sigue siendo en sí misma una obra muerta. Sin embargo, Pedro debe aventurarse sobre el mar inseguro para poder creer (cf. Mt 14:19).
Entonces no debemos desmayar pensando que estas personas son casos perdidos y que nada tenemos que decir, aún poseemos el privilegio de reconciliar a los hombres con Dios, por esto con la autoridad que Cristo concede a los suyos debemos llamar al arrepentimiento y la fe en el Hijo de Dios.
No pedimos que las personas mejoren su vida, arreglen sus problemas y luego acudan a Dios, sino que reconociendo su maldad se acerquen a Cristo para hallar descanso para sus almas:
"Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar." (Mateo 11:28)
miércoles, 30 de noviembre de 2011
La realidad del Espíritu Santo
Tú le dices al mundo: "Tengo el Espíritu Santo dentro de mí". Él dice: "No lo puedo ver". Él quiere que sea algo tangible, algo que pueda reconocer con sus sentidos. ¿Alguna vez has escuchado el argumento de un viejo cristiano contra el de un infiel doctor? El doctor le dijo que no había alma y le preguntó:
-"¿Has visto un alma?"
-"No", le dijo el cristiano.
-"¿Has oído un alma?"
-"No"
-"¿Alguna vez has olido un alma?"
-"No"
-"¿Alguna vez has saboreado un alma?"
-"No"
-"¿Alguna vez has sentido un alma"
-"Sí", dice el hombre, "siento que tengo una dentro de mi".
-"Bueno", le dice el doctor, "son cuatro sentidos contra uno, sólo tienes uno a tu favor".
-"Muy bien", dice el cristiano, "¿has visto alguna vez un dolor?"
-"No".
-"¿Has oído un dolor?"
-"No"
-"¿Has olido un dolor?"
-"No"
-"¿Has saboreado un dolor?"
-"No"
-"¿Has sentido un dolor?"
-"Sí".
Por esto el mundano dice que no hay Espíritu Santo, porque no puede verlo. Bueno, pero nosotros lo sentimos. Tú dices que es fanatismo y que nunca lo hemos sentido. Supongamos que usted me dice que la miel es amarga, yo respondo: "No, estoy seguro de que la hayas probado; pruébala y verás." Así es con el Espíritu Santo, si sintieras su influencia no dirías que no hay Espíritu Santo porque no lo ves. ¿No hay en la naturaleza muchas cosas que no podemos ver? ¿Has visto el viento? No; pero ustedes saben que hay viento, cuando miran un huracán lazando ráfagas a su alrededor y desgarrando las viviendas de los hombres; o cuando la suave brisa de la tarde, que besa las flores, hace colgar las gotas de rocío en forma de perlas alrededor de una rosa. ¿Has visto la electricidad? No, pero ustedes saben que hay tal cosa, a través de los cables viaja miles de kilómetros y lleva nuestros mensajes; aunque tú no puedes verla, tú sabes que hay tal cosa. Por lo que tú debes creer que hay un Espíritu Santo obrando en nosotros tanto el querer como el hacer, a pesar de que esté más allá de nuestros sentidos.
(Charles Spurgeon, sermón n°4, v.1: "La personalidad del Espíritu Santo")
jueves, 17 de noviembre de 2011
Tu Gloria en mi valle
Señor, santo y excelso, humilde y manso
Me has traído al valle de la visión
Desde esta mi morada en el abismo, te veo en las alturas;
Y rodeado por montañas de iniquidad contemplo tu gloria.
Enséñame la paradoja
Que el camino de descenso es el mismo que asciende,
Que humillarse es exaltarse,
Que el corazón quebrantado es el corazón sanado,
Que el espíritu contrito es el corazón gozoso,
Que el alma arrepentida es el alma victoriosa,
Que no tener nada es tenerlo todo,
Que llevar la cruz es llevar la corona,
Que dar es recibir,
Que el valle es el lugar de la visión.
Señor, en el día se divisan tus estrellas
Desde el pozo más profundo,
Y cuanto más profundo es, mayor es el resplandor de ellas.
Concédeme hallar tu luz en mi oscuridad,
Tu vida en mi muerte,
Tu gozo en mi dolor,
Tu gracia en mi pecado,
Tus riquezas en mi pobreza,
Tu gloria en mi valle.
lunes, 3 de octubre de 2011
¿Dónde depositas tus afectos?

".. se hicieron abominables como aquello que amaron." Oseas 9.10
Esta es la denuncia que Dios hizo a quienes le habían dejado por ídolos. Esto expresa algo de mucha consideración: "se hicieron como aquello que amaron".
SEREMOS COMO LO QUE AMAMOS
Debemos poner atención de dónde estamos depositando nuestros afectos. Las personas se convierten en lo que aman, en lo que adoran. No estoy hablando de un simple corte de pelo, debes notar que algunos no sólo están copiando un corte de cabello o un estilo de vestir, va mucho más allá. Se imita la soberbia de los artistas, lo bohemio de los poetas, la mentira y vanidad de las estrellas, la superficialidad de los modelos, etc. Estas cosas desplazan a Dios de nuestra vida, alimentan nuestra idolatría y nos ponen en una dirección contraria a lo que Dios quiere para nuestras vidas.
EL LUGAR CORRECTO PARA NUESTROS AFECTOS
Esto nos enseña de manera práctica el sentido benéfico de amar y adorar a Dios. Seremos conformados a la imagen de Cristo en tanto que le amemos, que le adoremos. Por eso debemos conocer a Dios, conocer sus atributos, conocer sus obras. Si amamos a Dios entonces el texto podría extenderse para nosotros de la siguiente manera: "nos haremos santos como Aquel que amamos".
Te invito a meditar en esto y que memorices las palabras de Lucas 10.27 recordando que amar a Dios es un tremendo privilegio y beneficio para la salud de nuestra alma:
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente"
domingo, 18 de septiembre de 2011
Palabras y corazón

"Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio." Mateo 12.36
Lo que quiero desarrollar en esta entrada es lo siguiente: "Dios toma nota y valora de lo que dices". Paso a desarrollar esto..
LA HIPOCRESÍA Y SU JUICIO
El contexto en el que se encuentra este pasaje es una confrontación de Jesús hacia la incredulidad e hipocresía de los fariseos, de éstos Jesús dice que eran capaces de 'hablar lo bueno, siendo malos', aquí vemos inmediatamente el valor que tienen nuestras palabras. Jesús les acusaba de que sus palabras eran 'inútiles, sin provecho ni sustancia', es decir, eran sólo maquillaje. Jesús les advierte que serán juzgados pues darán cuenta por las mentiras que han dicho. Aquí debemos advertir que si nuestra religión es una mera cáscara, es decir que muestra una apariencia de piedad y un buen hablar frente a los demás pero en la vida privada se deleita en el pecado estamos en grave peligro.
NUESTRAS PALABRAS AÚN SON VALIOSAS
Entre los jóvenes tenemos mala fama de no cumplir precisamente todo lo que prometemos, esto lo sabemos ya sea por experiencia propia o por lo que vemos en los demás. Estas visiones nos llevan sutilmente a distorsionar el valor de nuestros dichos y la razón principal es porque nos centramos en el valor que el hombre le da a las palabras y no en el valor que Dios le da a las palabras. Lo ejemplificaré con una frase bastante común:
"La mayoría de la gente no cumple lo que promete"
Este pensamiento si bien retrata la realidad de las cosas es utilizado para conformarnos al mundo. No lo decimos cuando no nos cumplen lo que nos prometen (¡¡eso jamás!!) sino más bien lo utilizamos como consuelo para nuestra pereza, así podemos comprometernos y fallar sin sentirnos incómodos por esto. Aquí es momento de advertir el error: Esto quita la responsabilidad que tenemos ante Dios por lo que sale de nuestra boca, recuerden que ¡Dios toma nota de lo decimos!
PALABRAS PURAS, NO SIMPLEMENTE LINDAS
La intención de Jesús a través de su declaración es enseñarnos que nuestras palabras hablan acerca de nuestra corazón. Los fariseos hablan bien, quizás cuánto se alababan así mismo y mostraban buena apariencia a los demás, sus palabras eran maravillosas pero ¿eran realmente limpias? Jesús nos indica que no. El énfasis aquí se vuelve no al discurso de los fariseos, sino a su corazón.
¿Es posible sacar el pez del agua sin que esté mojado? De la misma manera ¿sería posible para los fariseos sacar palabras puras si sus corazones estaban podridos con la hipocresía? De ninguna manera. Por esta razón Jesús no está buscando palabras elocuentes, sino corazones puros, sin falsedad.
LA EXHORTACIÓN DE CRISTO
Finalmente, si pensamos que Dios toma nota de nuestras palabras y es sumamente riguroso con ellas algunos podrían apresurarse y decir "mejor me callo y no digo nada más", pero no.. ¿quién le dio boca al hombre? La lengua es un instrumento creado por Dios y si tenemos un nuevo corazón tenemos un nuevo timón para dirigir nuestra boca. Por esto, Jesús luego hace la siguiente declaración:
"El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas"
La invitación de Cristo no está enfocada tanto a seleccionar las palabras que utilizamos sino a seleccionar correctamente el cofre de donde las sacamos. Las palabras realmente son valiosas y agradables al Señor cuando salen del buen tesoro del corazón. Quiero dejarles con la siguiente conclusión:
- El hombre bueno saca del buen tesoro: Debemos llenar nuestro corazón de la Palabra de Dios para poder tener al alcance las cosas buenas que agradan al Señor. Además, el "sacar" significa hacer algo en específico, esto es usar nuestras palabras para edificar a otros.
- El hombre malo saca del mal tesoro: Querido lector, si estás viviendo en hipocresía déjame decirte que aunque hables bien, tus palabras hieden a pudrición delante de Dios porque no proceden de un corazón regenerado, debes saber que serás juzgado por esto y no saldrás impune de su justicia. Dios no necesita que sigas maquillando tu vida, sino que reconozcas delante de Él que tu corazón está mal, sólo Él puede cambiarlo. ¿Recuerdas que dije que nuestras palabras son importantes para Dios? Bueno, pues Dios dice lo siguiente: "Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." (Romanos 10.9)
"El corazón del hombre es su peor parte antes de ser regenerado— y la mejor luego de esto. Es la sede de principios, y la fuente de las acciones. El ojo de Dios se fija en él— y el ojo del cristiano ha de estar principalmente fijo en él." John Flavel
sábado, 3 de septiembre de 2011
Una carta desde la ignorancia
Soberano Creador:
He conocido que todo lo puedes, que todo lo sabes.. tal conocimiento es alto, no lo puedo comprender.. aún no escribo estas lineas y Tú ya las conoces, pues todas las cosas están desnudas y abiertas ante tus ojos, ni aún mi suspiro te es oculto ¿a dónde huiré de tu presencia?
Tú miras el corazón y mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera, Dios grande y temible. Medita mi corazón estando en mi cama, y calla. Muy limpio eres de ojos para ver el mal.. y si mirares éstos mis pecados ¿cómo podré mantenerme?
Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado, mi alma espera sólo en Ti, tan sólo límpiame y seré más blanco que la nieve.