SALMO LXXIV
Versículos
1—11. Las desolaciones del santuario.
12—17. Ruegos por fe que dé ánimo.
18—23. Peticiones de liberación.
Vv. 1—11. Este salmo parece describir la destrucción de Jerusalén y del templo en manos de los caldeos. La situación deplorable del pueblo de Dios en aquel tiempo es expuesto ante el Señor y se deja en sus manos. Alegan las cosas grandes que Dios ha hecho por ellos. Si la liberación de Israel de Egipto fue un estímulo para tener esperanza de que Él no los desecharía, mucho más razón tenemos nosotros para creer que Dios no desechará a ninguno de los que Cristo redimió con su sangre. —Los infieles y los perseguidores pueden silenciar a los ministros fieles, cerrar lugares de adoración y decir que van a destruir al pueblo de Dios y su religión. Por largo tiempo pueden prosperar en sus intentos y los siervos de Dios, oprimidos, pueden no ver perspectivas de liberación; sin embargo, hay un remanente de creyentes, la simiente de una cosecha futura, y la Iglesia despreciada ha sobrevivido a quienes una vez triunfaron sobre ella. Cuando más amenaza la fuerza de los enemigos, consuela refugiarse en el poder de Dios por medio de la oración fervorosa.