sábado, 14 de enero de 2012

Sobre el chisme en la iglesia

"¿No sería una gran degradación de tu oficio si mantuvieras un ejército de espías en tu nómina para informarte sobre todo lo que tu gente habla sobre ti? Y es básicamente lo mismo si permites que ciertos personajes vengan a ti con los más recientes chismes . Espanta tales criaturas. Aborrece tales sirvientas chismorreosas de la discordia y hacedores de maldad. Los que traen también llevan y sin duda los chismes van de casa en casa reportando cada observación de tus labios con abundancia de adornos adicionales. Recuerda que, así como el que recibe es tan malo como el ladrón, el que escucha el escándalo comparte en la culpa. Si no hubiesen oídos no habrían lenguas murmuradoras. Mientras seas comprador de calumnias, la demanda creará oferta y las factorías de falsedades trabajarán a toda marcha. Nadie quiere hacerse procreador de mentiras, no obstante, quien escucha tales difamaciones con placer y las cree con prontitud, ciertamente engendrará muchos de estos hijos a vida."

C. H. Spurgeon, dicho a sus estudiantes pastolares.

"Cuídate del pecado, alma mía."

“Cuando veo dentro de mi corazón y percibo su infinita maldad , creo que es un abismo más profundo que el infierno. Cuando oro, peco; cuando predico, peco; tengo que arrepentirme de mi arrepentimiento; y mis lágrimas necesitan lavarse en la sangre de Cristo.”

Jonathan Edwards

viernes, 13 de enero de 2012

No lo que mis manos han hecho

"No lo que mis manos han hecho puede salvar mi alma culpable;
No lo que el trabajo duro de mi carne ha soportado puede restaurar mi espíritu .
No lo que siento o hago puede darme paz con Dios;
No todas mis oraciones, suspiros y lágrimas pueden soportar mi terrible carga.

Tu voz solamente, Señor, puede hablarme de gracia;
Tu poder solamente, Hijo de Dios, puede borrar todos mis pecados.
Ninguna obra sino la Tuya, no hay otra sangre que lo haga;
Ninguna fuerza sino la tuya puede soportarme de forma segura.

Alabo al Cristo de Dios; descanso en el divino amor;
Y con inalterable labio y corazón le llamo Salvador  mío.
Mi Señor ha salvado mi vida y me ha dado gratuito perdón;
Lo amo porque Él me amo primero, yo vivo porque Él vive."


'Not what my hands have done'
Horatius Bonar (1861)





jueves, 12 de enero de 2012

Ora, aunque el infierno se oponga

“El pueblo de Dios no ignora las muchas tretas, trucos y tentaciones que el diablo usa para hacer que una pobre alma, verdaderamente deseosa de tener al Señor Jesucristo, llegue a cansarse de buscar el rostro de Dios, y a pensar que Él no quiere tener misericordia de ella. “Sí”, dice Satanás, “puedes orar cuanto quieras, pero no prevalecerás. Mira tu corazón: duro, frío, torpe y embotado. No oras con el Espíritu, no oras con verdadero fervor; tus pensamientos se van tras otras cosas cuando aparentas estar orando a Dios. Fuera, hipócrita; basta ya; es en vano que sigas luchando.” He aquí, pues, que si el alma no está bien avisada, clamará al momento: “¡El Señor me ha abandonado, mi Dios me ha olvidado!” Mientras que la que está debidamente informada e iluminada dice: “Bien, buscaré al Señor y esperaré; no cejaré, aunque no me diga ni una palabra de consuelo. Él amaba apasionadamente a Jacob, pero le hizo luchar a brazo partido antes de obtener la bendición.” Los aparentes retrasos en Dios no son pruebas de su desagrado; a veces es posible que oculte su rostro de los santos que más ama. Le agrada en extremo mantener a los suyos en oración, y hallarles continuamente llamando a la puerta del cielo. Acaso sea, dice el alma, que el Señor me prueba, o que le agrada oír cómo le presento, gimiendo, mi condición.

Mi Dios llegó hasta mí




















"Oh, largas y lóbregas fueron las escaleras que recorrí
con pies temblorosos para hallar a mi Dios.
Ganando un peldaño poco a poco
para después resbalarme y perderlo.

Nunca avancé mucho pero sigo luchando
con agarre debilitado y voluntad endeble,
sangrando en mi ascenso escalado a Dios, mientras Él
sonreía serenamente como si no pudiera notarme.

Luego llegó un cierto momento en que
aflojé mi aprehensión y caí desde aquella altura;
abajo, hasta el escalón más bajo fue mi caída,
como si no hubiera escalado en absoluto.

Ahora, cuando yacía tendido en mi desesperanza,
escucho ... una pisada en la escalera,
en esa misma escalera donde yo temí,
donde vacilé y caí para yacer desmayado.

Y miré, y cuando la esperanza había dejado de ser,
mi Dios descendió por la escalera y llegó hasta mí."

Autor romano anónimo.

Rodeado de Su poder

Este es una oración de Dietrich Bonhoeffer, un pastor y teólogo alemán que participó en el movimiento de resistencia contra el nazismo, fue escrita desde su celda en la prisión de Tegel (Alemania) en diciembre del 1944.

"Fiel y tranquilo, rodeado de sus poderes
Maravillosamente resguardado y consolado
Así quiero vivir estos días con ustedes
Y pasar a un nuevo año a vuestro lado

Y si lo antiguo quiere atormentar nuestras almas
Si aún los días malos nos oprimen y nos resultan una pesada servidumbre
¡Oh Dios! Da a nuestras sobresaltadas almas
La salvación para la cual creaste al hombre

De sufrimiento, llena hasta casi rebalsar
Nos entregas la dura copa, amarga
La tomamos agradecidos sin temblar
De tu mano buena y amada

Consejos para escuchar la Palabra con provecho

1. Lee y medita mucho la Biblia en privado; así entenderás mejor lo que se predica en público y podrás distinguir si lo que se dice es de Dios o no. Si no conoces la Palabra, lo que se predique te resultara extraño y de poco provecho.

2. Busca el lugar con la enseñanza más clara, definida y convincente que puedas hallar. Es inmensa la diferencia que hay entre ser enseñado por un predicador juicioso, claro, preciso y capaz, que por uno ignorante, ambiguo, indefinido y seco, cuya predicación es una mezcla de ideas sin digerir. Un maestro ignorante no te va a hacer un cristiano entendido, y uno que predica erráticamente no te va dar un crecimiento sano ni te establecerá bien en la verdad.

3. No oigas la Palabra con un corazón descuidado como si no tuviera importancia para ti. Escúchala consciente de tu necesidad y de la responsabilidad e implicaciones de lo que oyes. Si entiendes lo que esa Palabra significa para tu alma y si la amas como la Palabra de vida, entenderás mejor cada verdad predicada. El que no ama ni necesita algo, no se interesa en oírlo; pro si entendemos la excelencia y necesidad de la Palabra, nuestro amor y atención serán estimulados y nos será fácil entender lo que se predica.

 
 
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